La poesía habitada de Alejandro Palomas

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"Una flor", su último poemario

 Palomas

 

 

Texto: Enrique VILLAGRASA  23/11/2020

Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) mantiene un diálogo no falto de ironía consigo mismo y busca habitar la poesía y que ella le habite a él. Esto es lo que entiendo tras la lectura de Una flor (Letraversal), que ya va por la segunda edición al mes de aparecer. Todo poemario para ser debe tener muchas preguntas, y pocas respuestas, para que sea la persona lectora la que termine el poema: encuentre la respuesta: “Un poema es una alfombra que no sabe volar sola”. Este es un poemario donde habita la belleza y la calidad a partes iguales: “El poeta no se desliza sobre el tiempo./ El poeta lo escala./ El blanco del papel es distinto./ La arquitectura es otra./ La música también”.

El libro, de una cincuentena de páginas y trece extensos poemas narrativos, está exquisitamente ilustrado, desde la sencillez de la portada, a los dibujos de plantas y flores y bocetos y apuntes, que hablan del firme y sereno quehacer demiurgo del poeta. Todo en este libro parece muy cuidado. Inclusive la textura del papel. Libro dedicado a su amiga, la editora y activista cultural Belén Bermejo, quien falleció el pasado junio: “Vivir arrasa./ El verso queda./ Queda la música./ El dibujo./ La memoria./ Y las voces./ Siempre las voces. / ¿Qué, si no?”

La poesía de Palomas es memoria y lenguaje, una poesía que llega y que no dejará a ningún lector indiferente. Es como una puerta abierta en la realidad, si la traspasas ya no serás el mismo. “El poema es una puerta./ La llave es una flor.// Escuchad, dejad que os cuente:” Y sí que canta y cuenta, que decía don Antonio Machado.

Creo que el poeta que nos ocupa, al igual que escribía Góngora, entre las flores fue herido: violetas, rosas…  Donde “Tan frágil el equilibrio”. El amor y el amante saben. Y este es un poemario sobre todo de amor: “Importaba sobre todo lo que no fuimos./ Lo que no escribimos./ La palabra que no encontramos./ El espacio”. No sólo de preguntas sobre el poema y la poesía, sobre el mundo y sus habitantes, que también, pues el poeta es un ciudadano imbricado con la existencia y la naturaleza de todo y de todos: “Son todas./ Todas las tristezas del mundo./ Toda la pena./ Todo lo que la historia enterró./ Todas las muertes. / Todo el mal”.

Alejandro es un poeta enamorado de la vida. Y es poeta por encima de su reconocida notoriedad por su obra narrativa. Y lo es sobre todo por el tratamiento artístico de todo su material verbal: artículos, traducciones, novelas, guiones (dos de sus novelas se llevarán a la gran pantalla). ¡Vamos, en todo lo que ha escrito y escribirá, pues no cabe duda alguna del cuidado y apostando el alma en todo lo que hace! Tal es su intensidad expresiva empleada: “Qué difícil encajar en un silencio que ya espera”.

una flor alejandro palomasEl poeta que nos ocupa ha sido capaz de, en este libro, acertar a encarnar en su propia escritura una respuesta a las preguntas que se formulan, que nos formulamos, las personas en este momento vivencial: él se pregunta sobre sí mismo y del sentido de la vida cotidiana. Una conciencia escribiente, diríase. Y apela a la verdad última, esa que da sentido a nuestro vivir: el amor. Y creo que Palomas es plenamente conocedor y conscientemente utiliza la tradición poética española, con la palabra y con las imágenes que emplea: verdad y belleza conquistadas: “Algunas veces el poema está./ Es el poeta quien llega tarde”.

El devenir poético del silencio de Alejandro Palomas se ha encarnado en este poemario: Una flor: “La lista es infinita y la flor/ sólo una./ La dejaré cortada sobre todas las vidas/ que no viví./ Morirá pronto./ La marea del tiempo la barrerá./ Quedará entonces la memoria./ Hasta que alguien arranque otra en algún camino/ y todo pueda volver a ser de nuevo:/ Impar./ Esférico/ Planeta”.

II

El poema es una casa.

Su habitante, una luz pequeña.

De noche, deambula

de habitación en habitación.

Una vela rozando las paredes.

Descifra rimas, palabras, música.

Ningún poeta ha escrito nunca un poema.

Ni un verso siquiera.

Nunca un final.

Nunca un temblor.

El poema no se escribe.

No hay mano para tanto.

El poema se ilumina desde dentro para que el poeta vea.

Escribir es recordar.

También.

Esta tarde, a las 19h, el periodista Álvaro Colomer dialogará con Alejandro Palomas sobre poesía, a propósito de la publicación de su poemario Una flor, en el marco de los Diálogos On Line de la Asociación Colegial de Escritores de Catalunya (ACEC)   http://librujula.com/agenda/174-dialogos-on-line-alejandro-palomas-y-alvaro-colomer?date=2020-11-23-19-00